Los placeres de la noche

Una de las cosas buenas que tiene trabajar en un local de noche, a parte de las normales como tener copas gratis o invitar a los colegas, es poder decir lo que piensas. Hay una regla que siempre se cumple: Si alguien es un capullo, puedes decírselo sin problemas. Posiblemente también te diga alguna lindez a cerca de ti, pero el placer de poder expresar todo lo que piensas, ningun otro trabajo la tiene.

Si a tu jefe le dices que es un capullo, que no se entera o que no tiene ni idea de lo que hace, generalmente el resultado es el despido fulminante y sin honores, pero, por la noche, no ocurre lo mismo. Y hasta es posible que se entable una bonita conversación para aclarar qué tipo de capullo es y cómo has llegado a esa conclusión.

El problema es cuando se deja de trabajar en sitios asi, porque como te hayas acostumbrado y digas algo a jefe de tu trabajo “normal”, tendrás problemas. Asi que, o eres funcionario, cosa que te libera de decirle nada a tu jefe, o es mejor tener la boca cerradita.

Por eso, por ahora, nadie me quita de ese placer tan humano como necesario.

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