Petita

Pero si alguien ha vivido experiencias nuevas esa ha sido la gata. Como nos íbamos bastantes días la dejamos en casa de una compañera de trabajo de Ainara, que también tenia una gata en casa. Suponíamos que todo saldría bien, unos cuantos bufidos y alguna persecución pero se llevarían bien. Y aunque al final si salió así el plan, costó algo más de lo esperado.

Ahora está en casa de Ainara. Pero el problema de todos estos viajes que le hemos dado a la gata es que, cuando la dejamos en casa de Clarita, acababa de tener el celo, y volvió a tenerlo, y cuando se le pasó en casa de Clarita, en casa de Ainara volvió otra vez. Ahora mismo está como loca revolcándose por el suelo y dándose cabezazos contra todas las puertas y patas de mesas y sillas.

No debe estar pasándolo muy bien, o no?. Esperemos que se tranquilice un poco. Cada vez que se abre la puerta de casa, se busca la vida para salir al rellano a investigar los felpudos de los vecinos. Esta gata es un poquito suya. Eso si, aprovecha la visita al felpudo vecino para afilarse las uñas.

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